La noticia de la venta de Aridane ha supuesto una gran decepción para muchos cadistas y la crítica de otros muchos por el mismo motivo. Las redes sociales han sido testigos de una nada desdeñable cantidad de aficionados que lamentaban y cargaban contra esta decisión de la directiva del Cádiz C.F.

La gran mayoría de cadistas ya mayorcitos, como el que escribe, recordamos a Don Manuel de Irigoyen. Considerado casi por unanimidad como uno de los mejores, si no el mejor, presidentes de la historia de nuestro club. No en vano, el Sr. Irigoyen fue presidente amarillo en la que hoy se denomina “época dorada del Cádiz”, donde el club gaditano se mantuvo en Primera División durante años y años, a veces de forma milagrosa.

Pues en aquel entonces, nuestro Presidente se apoyaba en un banco de dos patas como secreto a su eficiente gestión económica y deportiva. En un fútbol menos globalizado, menos negocio y más modesto, con menos extranjeros y más humildad, el Cádiz C.F. explotaba el que quizás era su mayor valor… la cantera. Muy prolífica, grandes jugadores salieron de esa maravillosa cantera. No es necesario repasar una lista de los Kiko, Quevedo, Arteaga, José González, Calderón… y un largo etcétera. Deportivamente hablando, el Cádiz se mantenía firme entre los grandes gracias a la maravillosa calidad que atesoraban estos jóvenes.

Pero sin la otra pata, el banco se caía. Y, consciente de ello, el Sr. Irigoyen tenía muy claro que la parte económica era fundamental. Esa era la otra pata de ese dichoso banco. Y también era consciente de que, sin la entrada de ese necesario dinero, no habría supervivencia posible en Primera División, por muchos milagros que se hicieran sobre el terreno de juego.

Así, y sólo por poner un ejemplo, nuestro ex-entrenador, José González, salió del club destino Mallorca por 90 millones de pesetas brutos de la época. Decisión muy lamentada por el cadismo en aquel entonces, lo que significaba la pérdida de uno de los mejores delanteros que han en el once gaditano, pero 90 millones que aseguraban la viabilidad del club en aquellos tiempos…

Hoy, a pesar de su condición de no canterano, Aridane ha sido querido en Carranza igual que si lo hubiese sido. Vino gratis al Cádiz, lo ha dado todo, y ahora se marcha a una nueva ilusión dejando, como último favor, un millón y medio de euros.

Y, como en aquel entonces, sólo podemos pedir que nuestra directiva sepa administrar correctamente ese dinero, que sea aprovechado para lo que de verdad debe serlo, para comprar futuro y hacer que el Cádiz siga y siga adelante. Porque el espíritu de equipo modesto del Cádiz lo ha llevado a ser, de siempre, un equipo vendedor más que comprador, porque siempre ha sido un club modesto y lo sigue siendo, pero con mucha más deuda y peso en los talones.

A los que entristezca la marcha de Aridane, decirles que es ley del fútbol, que nada es para siempre y que este jugador nos ayudó cuando nos tenía que ayudar y se va como los señores, por la puerta grande. Y a los que enfade esta decisión decir que, o no tienen edad suficiente o no tienen la memoria necesaria para saber o recordar que, gracias a estas acciones, el Cádiz pudo escribir sus páginas más gloriosas entre los grandes como Barcelona o Real Madrid.

Y, quién sabe, donde un día podríamos volver a escribirlas…

 

Miguel Daniel Vila Alba
Aficionado del Cádiz CF

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