celebraciones medinaEl pueblo más cadista de la provincia volvió celebrar 15 años después, con sentido común y absoluta responsabilidad, un nuevo hito histórico. Caravanas de coches, petardos y el pasodoble de Manolo Santander protagonizaron los momentos más emotivos de la noche.

A estas alturas de “la película” sobra decir que Medina es por derecho propio el pueblo más cadista, no solo de la provincia sino de toda la geografía nacional. Muy pocas ciudades, y así es reconocido por propios y extraños, sienten, sufren, padecen o se alegran con los éxitos o los disgustos del equipo amarillo como los asidonenses, paisanos de Manuel Irigoyen Roldán el presidente más grande que ha dado el club en toda su historia y un siglo después con la proeza conseguida por la plantilla de Álvaro Cervera descendiente del héroe de la guerra de Cuba, ministro, senador vitalicio, entre otros títulos, Pascual Cervera y Topete “El Almirante Cervera”.

Por eso a nadie extrañó a pesar de la amenaza de contagios del Covid-19, el siempre indeseable invitado viento de levante o que a las pocas horas había que saltar de la cama para el curro, fueran cientos los abonados, simpatizantes, seguidores o aficionados, (en menor medida que otras ocasiones cierto es) se echarán a la calle para celebrar el sexto ascenso del club amarillo a la liga de las estrellas.
Y la verdad que lo disfrutaron como nunca o como siempre, eso sí, salvo mínimas e insignificantes excepciones propias de la desbordada alegría, con absoluto sentido común, responsabilidad y compromiso atendiendo a la demanda de las autoridades locales y sanitarias, guardando la distancia, con mascarillas o en muy pocas ocasiones bajarse de coches o motos.

Los primeros en dar ejemplos la peña cadista “Manuel Irigoyen” la más antigua de la provincia que habían decidido cerrar sus puertas en caso de ascenso evitar aglomeraciones y posteriores sofocones provocados por el maldito “bicho”

Por tanto, las celebraciones se centraron principalmente en dar numerosas vueltas en coches, motos y otros vehículos, bajo la atenta mirada de un discreto dispositivo de seguridad dispuesto por la Policía Local y Guardia Civil, por todo el pueblo con diversas paradas en la Alameda frente a la peña Irigoyen cerrada, lanzamientos de petardos, abrazos, lágrimas, entonaciones del pasodoble “Me han dicho que el amarillo” de Manolo Santander y gritos de “Ese Cádiz oé”, “Somos de primera que tiemblen Barsa y Madrid”.

Y es que después de “la frustración” de no poder haber podido celebrar el ascenso con una victoria en casa el día anterior el disgusto se transformó en euforia, alegría, entusiasmo, júbilo o alborozo con la derrota del Zaragoza y volver 15 años después con los más grandes.

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