El fútbol suele dar segundas oportunidades, y Mauricio Pellegrino acaba de encontrar la suya. El técnico argentino, que hace un año dirigía al Cádiz CF en una temporada marcada por el sufrimiento y el descenso, acaba de proclamarse campeón de la Copa Sudamericana al frente de Lanús. Una vuelta de guion inesperada para un entrenador que salió del Nuevo Mirandilla con más dudas que certezas, y que ahora celebra el título más importante de su carrera.
Lanús se impuso al Atlético Mineiro en la final disputada en el estadio Defensores del Chaco de Asunción. Tras un empate sin goles en el tiempo reglamentario, la suerte se decidió en los penaltis, donde el conjunto granate venció por 5-4. Con ese triunfo, el club argentino levantó su segunda Sudamericana, mientras que Pellegrino sumó por fin su primer trofeo como entrenador.
El nombre del técnico vuelve a resonar con fuerza, aunque en Cádiz su historia se recuerda de otra manera. Pellegrino llegó al banquillo amarillo en enero de 2024 con la misión de evitar el descenso, un reto que afrontó con serenidad pero que terminó siendo imposible. El Cádiz acabó en el puesto decimoctavo y descendió a Segunda División, un golpe duro para la afición y para el propio entrenador, que asumió su responsabilidad sin excusas. “Nos hemos equivocado mucho durante la temporada a muchos niveles”, dijo entonces, en una de sus últimas ruedas de prensa como técnico cadista.
Su salida del club dejó la sensación de que el proyecto no había tenido tiempo suficiente para consolidarse. Sin embargo, el destino le tenía reservada una revancha rápida. Apenas medio año después, Lanús lo eligió para liderar su plantilla y Pellegrino transformó la decepción en oportunidad. Su equipo mostró una identidad sólida, competitiva y mentalmente fuerte, hasta alcanzar la final continental y conquistar el título.
El exentrenador del Cádiz, que también pasó por clubes como Estudiantes, Independiente, Alavés o Southampton, vive ahora uno de los momentos más felices de su carrera. Desde Argentina, muchos destacan su capacidad para recomponerse tras los reveses. En Cádiz, su nombre vuelve a aparecer, esta vez ligado a una historia de redención. Porque a veces el fútbol premia incluso a quienes cayeron con dignidad.