Es incomprensible, a la vez que indignante, lo que le sucedió el pasado sábado al CD Virgili Cádiz en Ceuta. El equipo viajó con todo preparado para disputar su encuentro liguero ante el Imperio Los Rosales, cumpliendo con los horarios, la logística y las obligaciones federativas, pero se encontró con una situación difícil de justificar. Con los jugadores ya dentro del pabellón Guillermo Molina Ríos, y mientras se estaba celebrando otro partido en la misma pista correspondiente a la Primera División Femenina de Fútbol Sala, el Instituto Ceutí de Deportes anunció, a las 12:45 horas, el cierre a las 13:00 horas “hasta nuevo aviso” de la instalación, apenas una hora y media antes del inicio previsto del encuentro.
El club gaditano no había recibido ninguna notificación previa por parte de la Real Federación Española de Fútbol ni de las autoridades deportivas competentes. Solo a las 13:43 horas se comunicó oficialmente la suspensión por correo electrónico, y la resolución del aplazamiento no llegó hasta las 17:43 horas, cuando el equipo ya había tenido que emprender el regreso. Todo ello después de haber invertido en un desplazamiento que, a todas luces, podría haberse evitado con una mínima coordinación entre organismos.
Desde el CD Virgili Cádiz se lamentó en un comunicado publicado el mismo sábado “la falta total de comunicación y previsión”, señalando que la decisión se adoptó “sin margen de maniobra y sin aviso previo”, lo que ha obligado al club a asumir por partida doble los gastos de viaje. La sensación en el entorno del equipo es de frustración y enfado por una gestión que califican como “incomprensible”, especialmente al comprobar que la borrasca no provocó incidencias de gravedad en Ceuta.
Y la indignación ha ido en aumento con el paso de los días. Este lunes, 26 de enero, el pabellón Guillermo Molina sigue abierto, aunque con un acceso limitado, y la actividad deportiva continúa con normalidad. El mismo Instituto Ceutí de Deportes que ordenó el cierre el sábado ha anunciado ahora únicamente la cancelación de actividades al aire libre, mientras que el estadio Alfonso Murube acoge sin problemas, esta misma noche, el partido de liga entre la AD Ceuta y la Cultural Leonesa… al aire libre y con público.
El contraste resulta, como poco, desconcertante. El sábado, con el CD Virgili Cádiz ya en pista, se suspendió un partido bajo techo por “seguridad”, y apenas dos días después, con la alerta amarilla aún vigente por la borrasca Joseph, se permite jugar al aire libre sin que nadie hable de riesgo alguno. Con este escenario cuesta entender cómo se pudo actuar con tanta prisa para cancelar un encuentro y tanta calma para permitir otros. Cuanto menos la decisión, a la vez que arbitraria, es desconcertante.
Mientras no haya una explicación convincente, la sensación que deja este episodio es la de un absoluto despropósito… o quizá no. Resulta, cuando menos, curioso que el aviso de cierre llegara justo cuando el CD Virgili Cádiz ya estaba en el pabellón, que se suspendiera su partido mientras otro se disputaba en la misma pista, y que apenas dos días después todo funcione con normalidad en las instalaciones deportivas de Ceuta. Coincidencias, dirán algunos. Lo cierto es que la cadena de decisiones ha provocado un perjuicio económico y deportivo difícil de justificar para un club que hizo todo correctamente y acabó pagando el precio de una gestión que deja demasiadas sombras y ninguna explicación clara.