Rubén Alcaraz encara el verano con el cartel de transferible y un futuro en el aire. Con solo un año de contrato por delante, el Cádiz CF está dispuesto a escuchar ofertas que permitan un cambio de rumbo para ambas partes, sin necesidad de alcanzar la cifra marcada en su cláusula de rescisión.
La puerta está entreabierta, y desde el club no se pondrán trabas si llega una propuesta razonable, aunque esté por debajo de los términos fijados en el contrato. La prioridad es encontrar una solución que satisfaga a todos: un nuevo destino que permita al jugador mantener protagonismo y, al mismo tiempo, ajustar el proyecto amarillo de cara al próximo curso, soltando lastre en una sobrecargada plantilla. Para colmo, las últimas semanas de competición no han sido fáciles para el mediocentro, que fue pitado en las últimas citas en casa poniendo de manifiesto el deseo de la afición de que el equipo tenga una amplia remodelación en sus piezas.
Un aspecto que no favorece a una operación temprana es su edad. Con 34 años obviamente su abanico de posibilidades se van cerrando. En estos casos los equipos recién ascendidos, que buscan a jugadores con dilatada experiencia para enfrentarse a una complicada categoría como es LALIGA Hypermotion, suelen ser buenas opciones en lo deportivo, aunque no tanto en lo económico. En ese sentido la carta de presentación del centrocampista barcelonés es, sin duda alguna, de bastante peso: más de 100 partidos con el Cádiz y nada menos que once temporadas en el futbol profesional, siendo más de la mitad de ellas en Primera División.
En medio de este contexto, su continuidad no está asegurada, pero tampoco es una quimera. Pese a los movimientos en los despachos, no se descarta que Rubén Alcaraz inicie la pretemporada bajo las órdenes de Gaizka Garitano. Todo dependerá del ritmo de las negociaciones y del interés que despierte en el mercado.