Los resultados, durante algunos tramos, maquillaron una realidad que estaba ahí. La plantilla confeccionada para esta temporada ha sido de una pobreza competitiva alarmante para un club que apenas unos meses antes estaba en Primera División.
No parece casualidad que los tres entrenadores que han pasado por el banquillo hayan terminado dejando mensajes parecidos. Cada uno a su manera. Cada uno con sus matices. Pero todos transmitiendo la sensación de que el margen de mejora del equipo era mucho más reducido de lo que se esperaba al comienzo del curso.
Quizás quien más claramente lo ha verbalizado ha sido Imanol Idiakez. Sin señalar nombres ni buscar excusas, el técnico vasco ha repetido en distintas comparecencias una idea que resulta difícil discutir después de lo visto durante toda la temporada: para competir en una Segunda División tan exigente hace falta mucho más nivel del que ha mostrado esta plantilla. Y los números terminan dándole la razón.
El Cádiz se ha salvado con 43 puntos. Solo tres más que el Mirandés, que ha acabado descendiendo. Lo ha hecho, además, en la permanencia más barata desde que existe el actual formato de Segunda División con 22 equipos. Resulta llamativo que los primeros tres puntos del campeonato llegaran precisamente contra ese Mirandés que terminó descendiendo. Un Mirandés que se presentó en Cádiz con la plantilla todavía a medio construir, que jugó prácticamente todo el encuentro con diez futbolistas tras una expulsión en el minuto 1 y que ni siquiera pudo realizar cambios. Aun así, el Cádiz solo fue capaz de ganar por 1-0.
También resulta significativo que los últimos tres puntos llegaran frente a un Leganés completamente desplomado, en una dinámica tan negativa que la derrota en el Nuevo Mirandilla terminó costándole el puesto a su entrenador. Entre esos dos partidos aparecen seis puntos. Seis de los 43 con los que el Cádiz ha salvado la categoría.
Y ahora llega el verdadero problema. Porque la próxima temporada no debería construirse pensando en los partidos contra la Cultural o el Leganés. Ni en esos encuentros aislados donde el equipo pareció funcionar durante noventa minutos. Tampoco en los pocos resultados positivos que fueron apareciendo a lo largo del curso. La próxima temporada debería construirse mirando exactamente lo contrario: los partidos contra los equipos de la zona alta. Los encuentros donde el Cádiz fue claramente inferior. Los escenarios en los que quedó expuesta la enorme diferencia de ritmo, intensidad, calidad y competitividad respecto a los conjuntos que realmente pelearon por algo importante.
La reconstrucción que necesita el equipo es profunda. Mucho más profunda de lo que reflejan los nombres propios o los cambios de entrenador. El problema viene de la estructura deportiva del club. De hecho, cuesta encontrar futbolistas de la actual plantilla que deban considerarse titulares indiscutibles del proyecto 2026-2027. Evidentemente no se puede rescindir a veinte jugadores ni empezar de cero. El fútbol profesional no funciona así. Pero una cosa es mantener contratos y otra muy distinta construir un proyecto alrededor de ellos. Si el objetivo es no volver a sufrir, el Cádiz necesita incorporar entre diez y once titulares de nivel contrastado para la categoría. Titulares. No apuestas. No jugadores para completar convocatorias. No futbolistas pendientes de explotar. Titulares capaces de elevar inmediatamente el nivel competitivo del equipo.
Y necesita hacerlo rápido. Porque uno de los errores más repetidos de los últimos años ha sido llegar a agosto con la plantilla a medio hacer y esperando soluciones de última hora.
A ver cómo lo hacen. Si lo hacen.