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OPINIÓN | Si el problema es Garitano, la foto ya apunta a otro lado

Foto: Trekant Media

Garitano ya no se sostiene. Lo sostienen. Y esa es la parte interesante del asunto: el Cádiz pierde, la conversación se queda en el banquillo, y la decisión —o la no decisión— queda en segundo plano, como si fuese un accidente administrativo.

Tras el 3-1 en Ipurúa no hubo cese. Ni inminente ni con forma de estudiarlo. La idea que circula es que seguirá y que se sentará ante el Zaragoza. Vale. Pero entonces la pregunta cambia de dueño. Ya no es “¿qué le pasa al Cádiz?”. Es “¿qué le pasa a los que mandan en el Cádiz?”.

Si el diagnóstico popular está hecho -“el problema es el entrenador”- lo lógico sería actuar. En el fútbol profesional, cuando se instala esa lectura, se suele cortar por lo rápido. El técnico es la pieza más sencilla de sustituir. No porque sea justo, sino porque es posible. Y, sin embargo, aquí no se hace.

Así que hay que mirar arriba. Con simple lógica competitiva. Siete jornadas sin ganar no son un accidente. Una dinámica así no se corrige con discursos. O crees de verdad que el entrenador es la solución, o asumes que el cambio no merece la pena, o aceptas que no puedes cambiarlo. No hay muchas más.

Primera opción: lo sostienen porque confían. Confianza real, no la de frase hecha. Confían en que Garitano es el entrenador adecuado para este contexto. Para esta plantilla. Para esta categoría. Y, sobre todo, para este momento de presión. En esa lectura, el club entiende que el equipo no se cae por pizarra, sino por ejecución. Por lesiones. Por rendimientos. Por detalles que se repiten porque el grupo está frágil. Y creen que cambiar al técnico sería agitar el árbol sin garantizar frutos. Es una posición defendible. No necesariamente acertada, pero defendible. 

Segunda opción: lo sostienen porque conviene. El entrenador como amortiguador. Mientras el ruido esté en “mister sí o mister no”, la crítica no se instala donde de verdad duele: en la gestión deportiva, en la confección de plantilla, en la planificación del año, en el control del riesgo. Es una dinámica conocida. 

Tercera opción: lo sostienen porque no pueden. No por fútbol, por capacidad. Finiquito. Coste del relevo. Limitación económica. O, directamente, ausencia de recambio aceptable que diga que sí. Porque el mercado también elige y un banquillo con urgencias y margen mínimo no es un destino apetecible. Si la realidad es esa, entonces el debate sobre Garitano es un velo que tapa otro. El Cádiz no solo estaría peleando con su rendimiento. También con su músculo financiero. Si no se puede echar al entrenador cuando se supone que es el problema, la cuestión deja de ser técnica. Pasa a ser estructural. 

Lo llamativo es que, en cualquiera de las tres, el centro no es Garitano. Es la dirección. Los que tienen que decidir. Porque sostener también es una decisión deportiva. Y la no decisión, en una racha mala, es una forma de tomar partido.

Mientras tanto, el Cádiz entra en la semana de Zaragoza y Mirandés con un contexto que no admite maquillaje. Dos rivales de abajo. Dos partidos que pueden marcar la temporada.

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