Lo de Ipurúa no fue un tropiezo más. Fue la confirmación de que el Cádiz CF se ha metido en un bucle del que, ahora mismo, no sabe salir. El 3-1 ante la SD Eibar en la jornada 28 de LALIGA Hypermotion no hizo más que poner cifras a una realidad que duele: un punto de los últimos 21 posibles. Uno. De veintiuno.
La secuencia es demoledora. Derrota en Albacete (1-0). Golpe en casa frente al Granada CF (1-2). Nuevo frenazo ante la SD Huesca (1-0). Tropiezo contra la UD Almería en el Nuevo Mirandilla (1-2). Empate en Burgos (1-1), el único respiro. Caída ante la Real Sociedad B (0-2). Y ahora, el 3-1 en Eibar. Siete partidos. Seis derrotas. Un empate. Cero victorias.
La última alegría queda ya lejos: viernes 9 de enero de 2026, 3-2 al Real Sporting. Desde entonces, el equipo se ha ido deshilachando jornada tras jornada. Sin contundencia atrás. Sin colmillo arriba. Sin carácter cuando el partido exige dar un paso al frente.
En Ipurúa volvió a repetirse la película. Arranque con intención, sí, pero sin profundidad. Error atrás, penalti, 1-0. Desajuste entre centrales, 2-0 antes del descanso. Cero disparos a puerta en la primera parte. Y otra vez esa sensación de equipo frágil, que se cae al primer golpe y no sabe levantarse. El 3-0 terminó de desnudar las carencias. El 3-1 de Brian fue apenas un gesto de orgullo tardío, sin capacidad de cambiar nada.
Lo más inquietante no es solo la racha. Es la imagen. El equipo transmite nerviosismo cuando encaja y bloqueo cuando tiene que proponer. La posesión no se traduce en ocasiones. Los centros no encuentran rematador. Los errores defensivos no son aislados: se repiten. Y cada repetición cuesta puntos.
Un punto de 21 no es una mala racha, es una señal de alarma encendida. La clasificación aprieta, el margen se reduce y el discurso empieza a agotarse. Porque no se trata de un mal día ni de un rival superior. Se trata de una dinámica que se ha instalado y que exige algo más que ajustes mínimos.
El Cádiz CF necesita reaccionar ya. Con o sin Garitano. Porque siete jornadas después de su última victoria, la paciencia se desgasta y el tiempo, en esta categoría, no espera a nadie.