Machis ante el Numancia / Trekant Media

Cuando se da a conocer el once en cada partido la primera reacción es colocarlo en un dibujo sobre el césped y pensar en qué zona va a desarrollarse el juego de cada futbolista. Luego, cuando el colegiado pita el inicio del partido, todo es distinto a lo que había en nuestras cabezas. En el Cádiz ya es conocida la versatilidad con la que actúan los hombres de mediocampo hacia adelante. Esos cuatro jugadores que alternan posiciones y lo mismo pueden aparecer por cada una de las dos bandas o desde atrás por el centro. Igual entran al remate que centran desde un costado, reciben en apoyo o tiran un desmarque a la espalda de la defensa rival. Más complicado es, sin embargo, intentar adivinar por dónde va a ir el juego del equipo. En el caso del Cádiz, incluso puede ser hasta sorpresivo.

Sin ir más lejos, ante el Numancia dos extremos se repartieron el protagonismo en la banda izquierda. Jairo y Machis protagonizaban por ese flanco mayoritariamente sus apariciones mientras que por la derecha fueron Manu Vallejo, Aketxe y, sobre todo, Correa. El lateral actuó durante buena parte del partido como un extremo más y tocó más balones en campo contrario que en el propio. Y es que esa banda diestra fue la zona de influencia en el juego ofensivo del Cádiz el 50% de las ocasiones, frente a solo un 30% de la izquierda.

Pero fue por esta última por donde llegó más peligro y, cómo no, el gol que daba el triunfo en el descuento. Es ahí donde y cuando aparece Machis, el momento en el que el venezolano sigue aún con frescura en sus piernas mientras que sus rivales ya están agotados. Pasó ayer ante el Numancia, en Canarias ante la UD Las Palmas y ante el Alcorcón.

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